Miguel Ángel Temprano
La historia se repite. Detrás de un estafador siempre llega otro
Hace unos meses se sentenció a 11 de cárcel a E. Holmes, una americana que con tan solo 19 años y con dos semestres en Stanford fundo la que fue, durante la última década, la promesa de la sanidad mundial. Fundo Theranos, cuyo valor de mercado se llegó a situar en su ultima ronda en $10.000 millones. Theranos fue un fraude, al igual que Madoff era un esquema Ponsi. Pero los casos, prácticamente calcados, aunque en diferentes sectores, tienen la característica de la falta de supervisión por los reguladores. Estás entidades públicas son las que confieren la confianza al consumidor o inversor occidental. Sí estás no intervienen, solo será porque no hacen su trabajo y esto lo pagamos los ciudadanos en diferentes formas y tiempo.
4 de abril de 2023 Tiempo de lectura: 4,30min
Desde que acabé mis estudios universitarios he seguido mirando los avances científicos en el área de biomedicina, aunque nunca me he dedicado profesionalmente a ello, quizá porque inicialmente decidí trabajar en un país donde la ciencia nunca ha tenido importancia para nuestros gobernantes. Pero,por contra y por otros motivos ajenos a esté tema, sí he seguido de cerca los avances que ocurrían en el mundo en esté área.
Durante la última década me llamo la atención un caso, igual de extremadamente popular en EE.UU., como desconocido en España, el caso de Theranos.
“una estudiante de segundo año de Stanford deja los estudios y redescubre el mundo de los diagnósticos. Vaya notición”
Una joven estudiante de Stanford decía haber descubierto una tecnología por la cuál con una simple gota de sangre era capaz de diagnosticar multitud de complejas enfermedades en unos pocos segundos.
Realmente, Elizabeth Holmes,como así se llama, no era más que una estafadora más. Engaño no solo a compañías de capital riesgo, cosa que es un riesgo que sus inversores asumen, sino que lo hizo con Larry Ellison, el fundador de Oracle, con G. Schultz, Secretario del Tesoro y de Estado con dos administraciones diferentes, a Henri Kissinger o a Bill Clinton. Clinton la promociono públicamente en la televisión, diciendo que el futuro estaba en buenas manos. ¡Vaya vergüenza que debió pasar el presidente!
Pero quizá el más llamativo fue engañar a la Junta de Facultad de medicina de Stanford, que la llego anombrar miembro de ella sin siquiera haber acabado segundo de carrera.
Su caso finalizo el último diciembre con una ejemplar condena de 11 años de cárcel, de los que por cierto sigue sin empezar a cumplir, abusando del sistema que engaño.
La vergüenza de todos estos personajes la están pagando todavía hoy enfermos a los que se les diagnostico SIDA sin tenerlo o enfermos decáncera los que los diagnósticos de Theranos, así se llama el arma estafadora, decían que no lo padecían.
Pero en vez contada la “anécdota” sí así podemos calificarla, me gustaría centrarme en el papel del supervisor. En este caso del regulador sanitario, la FDA.
Todo aquel que, en los EE.UU., compra un medicamento da por hecho que la empresa está suficientemente controlada y que lo que dice el prospecto se cumple. Pues bien, como nadie lo pidió,la FDA-la agencia reguladora de los alimentos y medicamentos-, nunca intervino. Permitiendo, por omisión, que se hicieran análisis médicos sin una estricta supervisión de los procedimientos.
Perdón, sin ninguna supervisión de los procedimientos.
“el poder de engaño de un estafador está por encima de lo que la sociedad considera mentes privilegiadas ¿qué nos queda a los demás?
Pero como no, la SEC también se columpio y tampoco exigió supervisión alguna permitiendo ampliaciones de capital a cada vez mayor valor de mercado de la compañía. Alguien me dirá, que la culpa no es de la SEC sino de los inversiones que no exigían la verdadera claridad y es verdad. Pero no nos olvidemos, que el capitalismo, del cual soy un fanático, ha creado pautas y medidas para evitar que los golfos se aprovechen del resto de las personas.
Obviamente que un inversor solo debe invertir en aquello que entiende, pero incluso a mí, sí me metes en un laboratorio me la cuelas. Y digo a mí, porque al fin y al cabo he estudiado esté tema cinco años, pero creo que sí fuera ingeniero, que no lo soy, me la colarían igual sí el laboratorio es de materiales.
Así pues, un supervisor debe actuar de oficio y no aleatoriamente, sino de manera habitual.
Elizabeth Holmes con su fraude masivo-así se define en su sentencia de culpabilidad- ha dañado a sus inversores y a los empleados -manchados por muchos años por su historia- pero mucho peor ha dañado a nuevos creadores de ideas y/o productos y lo más sangrante al resto de mujeres emprendedoras.
Cuando alguien hace lo hizo ella su daño se extiende mucho más allá del que causan en el momento. Se extiende por años, dañando incluso a gente que no ha oído hablar de ella.
“E. Holmes ha hecho daño a mucha gente, pero como miembro de cualquier colectivo que reivindica la posición de ese colectivo en la sociedad, a quien hace más daño es a él”
Es por esto por lo que el papel de los reguladores es tan importante.
Estamos viviendo escandalo tras escándalo en los bancos. Obviamente los culpables solo son los directivos de los bancos, pero las sociedades occidentales hemos depositado nuestra confianza en unos reguladores que desde luego ni han hecho, ni están haciendo, su trabajo. Igual que con Theranos, la compañía de Holmes nada hizo ni la FDA ni la SEC.
Cuando el FED, el BCE, el BoE o el de Japón no hacen debidamente su trabajo, perjudican a todo el sistema, dañando no solo en ese momento sino en el futuro, dado que el verdadero activo de los bancos, no son sus promesas de pago, sino un intangible que sus cuentas no reflejan y es la confianza.
A Holmes y a su chiringuito de $10.000 M de valor (sí, no se me han ido los ceros) los tumbo un supervisor de un programa federal. Literalmente un cliente, el CMS. El CMS es la agencia que cuida del gasto de los fondos del programa de salud público, Medicare.
Pero que nadie se equivoque, no inspeccionaron de oficio sino por una denuncia. Una denuncia de una persona que se la jugó, dado que tenía firmado un acuerdo de confidencialidad.
Me viene a la cabeza el caso más mediático de la historia delictiva económica, el caso Madoff. Es un calco del caso Theranos o Holmes. Con un detalle en contra de este último y es que Holmes empieza con su farsa prácticamente a la par que se destapa el de Madoff, lo que hace que la SEC y la FED, no parezcasino que sean más culpables.
Por cierto, a Madoff le cayeron 150 años de cárcel por un delito puramente de estafa económica. A Holmes, cuyo delito no solo es con inversores sino de engaño a pacientes “solo” 11. Que cada quiensaque sus conclusiones.
No se sí usted, lector, está al tanto de los detalles del caso Madoff pero lo gravoso de esté es que el sistema de intermediación que manejaba Madoff era falso, por inexistente y realmente estaba manejando un fondo de inversión de manera encubierta, es decir, no asesoraba a sus clientes donde invertir por una comisión, sino que invertía por ellos. Esto aquí y allí es la definición de un fondo de inversión.
Pues la SEC parecía saberlo y hacer la vista gorda porque cuando le pidió el nombre del banco depositario, es decir donde estaban custodiadas los valores, Berny se lo inventó y la SEC nunca lo comprobó.
Pero Madoff no tenía un chiringuito en el Bronx, era el dios de la bolsa americana. Invertir con él era un orgullo solo al alcance de los elegidos, como Optimal, el HedgeFund suizo del banco Santander.
Nadie, es decir el regulador, nunca supervisóa fondo esta compañía de inversión, aunque era vox populi que era un fraude desde mucho antes que el FBI “ocupara” sus oficinas. Igualito que con Theranos.
“deberíamos replantearnos nuestras prioridades cuando a un estafador de solo dinero se lacondena a 150 años y auna que ha provocado falso diagnósticos a 11”
El regulador tiene un solo cliente, el ciudadano y cuando no actúa solo lo paga esté, en forma de dinero o en forma de prestigio.
El regulador va a seguir ahí después del escándalo, pero el que necesita la financiación va a pagar en forma de negativa de inversores y bancos esa pérdida de confianza originada por el mal hacer del regulador.